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Reseña histórica del Colegio Ntra. Madre del Buen Consejo de León PDF Imprimir E-mail

 

P. VICENTE ZALDÍVAR DÍEZ, OSA

La presencia de los Agustinos en la provincia de León, en un pasado aún reciente, se constata todavía hoy  en poblaciones como Villamañán, Mansilla de las Mulas y Ponferrada.

En unos casos la falta de recursos, en otros la búsqueda de objetivos más amplios y, muy especialmente, la desamortización de Mendizábal hicieron que desapareciéramos prácticamente de esta tierra.

Fue una vez restaurada la Provincia de Castilla, en 1881, cuando volvieron los agustinos pertenecientes a esta circunscripción, instalándose  esta vez en Valencia de Don Juan para abrir un colegio que contribuyera a paliar la carencia de instrucción en la juventud de la región. Desde su fundación, este colegio siempre tuvo un gran prestigio y estima entre quienes se educaron en sus aulas.

La Ley de Enseñanzas Medias, implantada por el Ministerio de Instrucción Pública, dirigido por el liberal Conde de Romanones, impuso que los alumnos de Segunda Enseñanza, para seguir estudios oficiales deberían ser matriculados y acudir a las clases en el Instituto Padre Isla de la capital leonesa, a partir del curso 1901–1902. Ante la premura de la nueva situación, el Consejo Provincial, presidido entonces por el P. José Valentín de Alústiza –  el Capítulo Intermedio lo haría más tarde –, tomó la determinación de fundar el Colegio Nuestra Madre del Buen Consejo, en la ciudad de León, el 20 de junio de 1901.

El Colegio comenzó su andadura con once religiosos – siete sacerdotes y cuatro hermanos no clérigos –, presididos por el P. Alústiza quien, además de Prior Provincial, fue su primer Director. El lugar elegido para su instalación, dada la falta de tiempo, fue el “Conventín”, edificio en muy mal estado y posiblemente habitado muy anteriormente por las monjas “Pelayas”, situado en la actual calle Pablo Flórez, originariamente calle del Instituto; la remodelación y adaptación fueron importantes. Una lápida, dedicada por la Asociación de Antiguos Alumnos Agustinianos en la Plaza de San Pelayo, señalaba hasta hace poco tiempo el edificio mencionado.

La alternancia de conservadores y liberales al frente del gobierno de la nación, trajo como consecuencia un continuo cambio en la política educativa de aquella época: respeto y potenciación de la escuela católica o implantación y defensa de la escuela libre, civil, secularizada y anticlerical. Alternancia que también se vivió en la sociedad leonesa del tiempo, si bien con una cierta preponderancia del segundo modelo sobre el primero. Esta circunstancia, sin embargo, no impidió que el Colegio gozara de una gran acogida como lo demuestran las cifras de alumnos matriculados, en régimen de enseñanza libre – los exámenes eran en el Instituto P. Isla – en los sucesivos cursos: desde los 13 alumnos del curso escolar 1905–1906 hasta los 286 del curso 1914–1915. Poco a poco, los alumnos del Colegio San José, de Valencia de Don Juan, fueron pasando en su totalidad al Colegio Nuestra Madre del Buen Consejo, de León. Fr. Anastasio Cisnal, maestro y hombre sumamente emprendedor, fue el alma del Colegio durante estos primeros años de singladura, junto con otros insignes agustinos como el coyantino y poeta P. Gilberto Blanco y el mismo P. Valentín de Alústiza.

El continuo incremento de alumnos, no obstante las muchas adaptaciones de espacios para dormitorios, aulas, laboratorios, oratorio, etc. del viejo edificio y el alquiler de otros inmuebles próximos, hizo que el P. Cipriano Asensio, en representación de la Provincia Agustiniana de Castilla, comprara, a D. Francisco Alfageme, en 1916, unos 4.300 metros cuadrados para el emplazamiento de un nuevo edificio. Como anécdota curiosa, el metro cuadrado fue pagado a 12 pesetas, 0’07 € de nuestros días.

En 1916 comienza a levantarse el nuevo edificio –  con un calendario de construcción sujeto a  la disponibilidad de medios –,  en un terreno situado entre las actuales calles Gran Vía de San Marcos, San Agustín, Alférez Provisional y Plaza de la Inmaculada, siguiendo los planos del afamado arquitecto D. Manuel Cárdenas, y a partir de un préstamo de cien mil pesetas concedido por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León.

Ya para el curso 1917–1918 se trasladaron a las nuevas instalaciones las clases e internado de los cuatro grados de Primera Enseñanza y la residencia de tres religiosos. El caserón de la Calle Pablo Flórez quedó únicamente para los seis cursos de Bachillerato y, a pesar de las muchas modificaciones realizadas, dado el aumento de solicitudes para el internado en Bachillerato, hubo que recurrir al alquiler de varios pisos en la misma calle Pablo Flórez  y en la próxima calle Serranos. La construcción de los restantes pabellones del nuevo edificio fue causante del consiguiente traslado del alumnado, residencia e instalaciones académicas, hacia la nueva sede.

El curso 1925–1926 ya están instalados en el nuevo Colegio alumnos y religiosos. Debido a los excelentes resultados obtenidos en los exámenes del Instituto de León, la demanda de plazas siguió creciendo. Desde el curso 1917–1918 hasta 1924–1925, el Colegio Nuestra Madre del Buen Consejo funcionó en las dos sedes citadas. Posteriormente las viejas instalaciones de la calle Pablo Flórez fueron arrendadas a la Institución Teresiana del Padre Poveda y posteriormente vendidas.

Los holgados espacios de las nuevas instalaciones  permitieron el uso de un mobiliario idóneo y la adquisición de materiales didácticos para las clases, que hoy parecen irrelevantes, pero que entonces, significaron innovaciones significativas en el campo de la educación: todo tipo de mapas ilustrados, pizarras, tiza, papel y lápiz que, en buena medida,  suplían la falta de libros de texto en los principios del siglo XX. Después llegarían los Gabinetes de Física, Historia Natural, Química, Biblioteca, en gran medida enriquecida con los fondos llegados del Colegio San José de Valencia de Don Juan. A finales  de los años 20, el Colegio contaba ya con más de  doscientos volúmenes.

Fueron la Escuela de Preparación Militar Particular que dio muchos soldados al ejército español, el famoso cine de los Agustinos frecuentado por tantos  leoneses porque la censura previa de las  películas era un motivo de tranquilidad para los padres y un sano entretenimiento para las tardes de domingo, la representación de obras de teatro ya desde 1914, los campos de deportes – uno de ellos hasta con pista de carbonilla para la práctica del atletismo  –, la granja y huertas en Eras de Renueva, reclamos importantes para la captación de alumnado y, sobre todo, para ofrecer un completo programa de formación integral.

Paralelamente a estas realidades sociales, pronto surgieron diferentes grupos religiosos como los Tarsicios, la Cruzada Misional de Estudiantes, la Acción Católica, la Pía Unión de Nuestra Madre del Buen Consejo, la Asociación de Las Marías de los Sagrarios, los Talleres de Santa Rita, la  Legión de María, los Cursillos de Cristiandad, etc., a los que pertenecieron muchos alumnos y leoneses y leonesas hasta el día de hoy que perviven algunas de estas asociaciones.

Fue el “Dr. D. José Álvarez Miranda, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de León, Conde de Colle, Señor de los lugares de Las Arrimadas y Vegamián”, etc., etc., nacido en Miñera de Luna (León) y eminente canonista, quien concedió la licencia episcopal – el 28 de agosto de 1922 –, para erigir la iglesia en la nueva edificación, dedicada a la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Madre del Buen Consejo; “necesaria para atender debidamente a la educación religiosa de los alumnos del Colegio, y que al mismo tiempo reportará beneficios espirituales a los habitantes del ‘Ensanche’ de esta población”.  Su consagración, por el obispo Álvarez Miranda, fue el domingo 1 de septiembre, festividad de Nuestra Señora de la Consolación, patrona de la Orden de San Agustín, e intervino en los distintos actos el agustino Obispo de Almería, P. Bernardo Martínez Noval. El cuadro, en relieve policromado de Nuestra Madre del Buen Consejo, que presidía el altar mayor, fue realizado en los Talleres de Arte Sacro, de Olot (Gerona); hoy se venera en la capilla de la comunidad del actual Colegio de Agustinos.

Los años de la República no fueron fáciles para nuestro Colegio. La Constitución de 1931 impuso la educación pública como único sistema de enseñanza, prohibiendo a la Iglesia ejercer la docencia. La Ley de Confesiones y Congregaciones  Religiosas negó el derecho a impartir clases a los colegios de religiosos; bien es verdad que esta normativa, especialmente por lo que se refiere a la enseñanza secundaria, nunca se llegó a cumplir plenamente. Pero, por si se impusiera el cumplimiento radical de la ley, el Consejo Provincial de la Provincia de Castilla, reunido en León el 7 de agosto de 1933, acordó el inicio de gestiones con la Sociedad de Padres de Familia, ya constituida en León, para arrendarle los locales de Primera Enseñanza del Colegio. Se trataba de una ficción jurídica para transferir, nominalmente, la titularidad y poder seguir enseñando.

No hizo falta cambiar la titularidad porque durante nuestra Guerra Civil el Colegio continuó su actividad docente, si bien con la presencia de soldados y carros de combate en el patio de recreo; también algunas dependencias interiores fueron ocupadas por el ejército llamado nacional  y la Legión Condor que era una fuerza de intervención, mayoritariamente aérea, ofrecida por Alemania al General Franco. Este apoyo logístico, convirtió el patio del Colegio, temporalmente, en  lugar de almacenamiento de suministros y base de carros de transporte.

Fue un tiempo en el que a algunos religiosos agustinos, jóvenes y en edad de “movilización”, el ejército les destinó a funciones auxiliares (como la censura del correo durante las mañanas). Las horas de la tarde y de la noche las dedicaban a dar clases, vigilar los salones de estudio y cuidar de los dormitorios.  Otros tuvieron que combatir en primera línea de guerra. Ochenta y dos  exalumnos entregaron sus vidas en aquella contienda que enfrentó a unos españoles contra otros y a quienes el Colegio recordó en una gran placa situada en la galería de la entrada principal.

Terminado el tiempo de combate, las leyes laicas de la República fueron suprimidas y la enseñanza religiosa, con sus valores ideológicos, morales, sociales, familiares… volvió a las escuelas.

También se inició una etapa de recuperación y exaltación de la identidad nacional mediante la celebración de fiestas nacionales, campamentos juveniles, la Centuria “Capitán Urdaneta”, desfiles y la implantación de la célebre asignatura titulada  “Formación del Espíritu Nacional”, impartida por personas de “adhesión inquebrantable” – así se decía – al nuevo Régimen. Nuestro Colegio no fue una excepción en el desarrollo de estas actividades.

Con la firma del Concordato entre la Santa Sede y el Estado Español, en 1953, se mantuvo la enseñanza confesional siguiendo la doctrina católica, dándose gran importancia a la enseñanza religiosa y, paralelamente, manteniendo un alto nivel de exigencia tanto en la rama de Ciencias como de Letras. De tal modo que los alumnos, al llegar al examen de Estado debían contar con un bagaje amplio y sólido de conocimientos para responder con eficiencia ante los tribunales oficiales. Siete eran los cursos de Bachillerato que debían cursar los alumnos con un profesorado compuesto, mayoritariamente, por religiosos agustinos, pero también por seglares notables…D. Toribio  Ferrero, D. Paciano Puente, D. Francisco Ramírez, D. Eladio Puente, D. José Portomeñe, D. Francisco Lacarta, D. Francisco Javier Colino, D. Eloy Díez–Ordás,  y un larguísimo etc., de probada competencia pedagógica. Una mención especial merece, al decir de muchos alumnos de aquel tiempo, el P. Leandro Abella por su  capacidad organizativa y su tesón por lograr  un ambiente disciplinar que favoreciera el orden y el estudio.

Fue, sin duda alguna – esta etapa transcurrida entre finales de la Guerra Civil, 1939, y el traslado del Colegio a su nueva sede, en la Avda. Agustinos de León, en 1976 –, la que dejó una mayor impronta en su ya centenaria historia. Fue también, durante muchos años, residencia del P. Provincial que, desde esta casa, gobernaba la Provincia de Castilla. Junto  una cuidada atención pastoral a los muchos fieles que diariamente acudían a nuestra iglesia, muchos religiosos se encargaron de distintas capellanías: Sanatorios Miranda, Hurtado, Eguiagaray, López Otazú, varias comunidades religiosas femeninas, confesores del Seminario Mayor y de los HH. De San Juan de Dios, y colaboración con  distintas parroquias.

Abril y mayo de 1952, fueron meses festivos para el Colegio Nuestra Madre del Buen Consejo. Celebró sus Bodas de Oro (1901–1951). El programa incluyó distintos actos religiosos – procesión por la ciudad, misas y novenas solemnes –, una tabla de gimnasia en la Plaza de Toros, dirigida por los Sres. Portomeñe y Lacarta, conferencias impartidas por eminentes agustinos como los PP. Ángel Custodio Vega  y David Rubio, los seglares Luis Morales Oliver, Director de la Biblioteca Nacional y exdirector de nuestro Colegio de Huelva, la presentación de “El cincuentenario de nuestro Colegio. Vidas ejemplares de profesores y alumnos y pícara vida escolar de algunos de éstos”, por D. Ángel Suárez Ema, el concierto de órgano en la iglesia del Colegio a cargo del agustino y famoso musicólogo P. Samuel Rubio…Como recuerdo de aquella efeméride, se cambió el nombre de la calle Valencia de Don por el de  calle San Agustín.

Todo llega y todo pasa, que diría el sabio. Y el tiempo llegó y pasó por la sede del Colegio de la calle San Agustín como había pasado anteriormente por la de la calle Instituto. El “Ensanche”, de ser un lugar ubicado en las afueras de la ciudad,  pasó a formar parte del centro urbano. Total que aquel Colegio antes espacioso y libre, se encontró asfixiado entre  la contaminación acústica y ambiental, el interés de muchos vecinos por buscar espacios de ocio y de negocio más amplios, la expropiación de las huertas y campos de deportes efectuada por la Gerencia de Urbanismo del Polígono de las Eras, el desfase de aulas y patios y un extenso etcétera en el que no pueden perderse de vista las plusvalías. Todas estas y otras  circunstancias sumadas,  motivaron a los agustinos a trasladarse a la tercera y actual sede en la Avda. Agustinos de León, anteriormente Carretera  Alfageme.

El Colegio Nuestra Madre del Buen Consejo de León,  proporcionó a la Iglesia muchas vocaciones religiosas; tanto para el clero diocesano como para otras Órdenes y Congregaciones, aunque la mayoría fue para la propia Orden de San Agustín. Para expresar que León era cuna, solar y tierra de agustinos, Carmelo Hernández Moros – el inolvidable Lamparilla – decía que  “La ribera del Esla es fecunda en chopos, agustinos y franciscanos”. Se refería, naturalmente, a tiempos pretéritos. Quizá por esta fertilidad vocacional, o porque un número considerable de agustinos habían nacido en tierras leonesas, la Provincia de Castilla optó por levantar un Seminario en los alrededores de la capital de León. La decisión no todos la compartían, pero se comenzaron a abrir los cimientos porque el antiguo Seminario de Mayorga acusaba el paso del tiempo y de una construcción poco firme.

En terrenos  de Armunia, concretamente en la Vega, la Provincia de Castilla – siendo  Provincial el P. Modesto Santamarta y  Ecónomo Provincial el P. José Fernández –, adquirió una gran finca, en su mayoría perteneciente, como en el caso de nuestro anterior Colegio de la Calle San Agustín, a la familia Alfageme. Se trata de más de veinte hectáreas en las que se levanta un edificio, construido según planos del arquitecto D. Juan Torbado Franco, de 14.159,86 metros cuadrados. El resto se destinó  para campos de deportes y una hermosa granja donde criar animales que, junto con las hortalizas cultivadas por  el sabio hortelano Fr. Ambrosio, proporcionaron una buena parte de la alimentación de nuestros seminaristas.

El Seminario Santo Tomás de Villanueva comenzó su actividad el día 10 de enero de 1968, recibiendo a la Comunidad y seminaristas de nuestro Seminario Menor de Mayorga de Campos (Valladolid). A partir del curso siguiente, 1969–1970, se comenzó también a admitir alumnos externos; en su mayoría procedentes de Trobajo del Camino y pueblos circundantes. El reconocimiento oficial como “Centro no estatal de Educación General Básica con capacidad para 33 unidades y 1.320 puestos escolares, constituidos por los edificios situados en la calle San Agustín, 2 y Carretera de Alfageme” es del 18 de septiembre de 1973. A comienzos del curso 1976–77, el Colegio Nuestra Madre del Buen Consejo comenzó a desarrollar todas sus actividades en la sede de la Carretera Alfageme, 12. La propiedad de la calle San Agustín había sido vendida y comenzaba, de modo urgente, su demolición. El número de alumnos se incrementó en 161, llegando a ser de 1.264; – el mayor de todos los cursos anteriores –, acallando las voces agoreras que vaticinaban un cierto cataclismo debido a la necesidad de transporte para trasladarse al Colegio. En el curso 1983–1984 el número de alumnos subió hasta 1.389,  la estadística más alta en toda la historia del Colegio desde su fundación hasta nuestros días.

Desde su implantación, y sólo para la sede de Armunia, el transporte escolar  estuvo encomendado a la Empresa Vivas Santander; por eso D. José Vicente Vivas ha sido considerado como un miembro más en el quehacer cotidiano del Colegio. Hoy son ya sus hijos y sobrinos quienes controlan la empresa, pero el “Jefe” sigue vigilante.

El Internado, tras el aluvión del primer curso, fue desapareciendo para renacer en estos últimos años; y de forma un tanto lenta, dubitativa y agónica lo haría también el Seminario. Como contrapartida, el Colegio se transformó en mixto, comenzando su implantación por el C.O.U.

Las adaptaciones para convertir el Seminario en Colegio han sido múltiples, costosas, en muchos momentos molestas, pero siempre necesarias. Sirva como ejemplo que el refectorio de la Comunidad ¡se ha cambiado de lugar tres veces!  Desde el aumento del número de aulas aprovechando parte de los espacios del Internado, la creación del Aula Magna, la habilitación de locales para Bibliotecas, Sala de Música, Informática, Laboratorio de Idiomas, recubrimiento de la presa, patio de autobuses, Cafetería, Gimnasios, sistema de megafonía, canchas deportivas, campos – en plural –, de fútbol, etc., hasta terminar, por ahora, con la construcción de un funcional y más que necesario pabellón cubierto de deportes. Y, por si fuera poco, la implantación de la sección de Infantil. Hay quien dice que el inmueble ya no da para más. Será cuestión de estirar. Las dos dependencias que no se han modificado son las dos Capillas; la de los alumnos – proyectada por el artista Higinio Vázquez y con  vidrieras realizadas por el maestro M. Bañón, montadas en 1968 –, y la de la comunidad, que guarda el retablo, adaptado, y el cuadro auténtico de “la Patrona”, Nuestra Madre del Buen Consejo, procedente del antiguo edificio. Es esta capilla la que atrae las visitas y devoción de nuestros antiguos alumnos.

Esta tercera sede, edificio o lugar donde está emplazado el Colegio durante estos últimos treinta años – casi ya una tercera parte de su historia centenaria completa –, ha vivido todas las múltiples, nunca últimas y, en muchos aspectos casi antagónicas leyes que vienen regulando el Sistema Educativo Español: “Ley Villar Palasí”, LODE, LOGSE,  LOCE, LOE. Posiblemente excesivas reformas educativas para resultados tan exiguos. El profesorado, y los padres que lo quieren ver,  confirman una disminución de conocimientos en los alumnos a pesar de contar con los medios didácticos más modernos. Que la educación se haya convertido en asunto político y no se haya llegado a un  deseado pacto escolar de carácter estable,  tiene su reflejo en los programas escolares que, a veces, parecen encaminados a cultivar el gregarismo y anular el sentido crítico de los educandos.

El Colegio de Agustinos sigue midiendo su calidad por el nivel de formación y conocimientos y la formación integral que es capaz de transmitir a sus alumnos. A lo largo de su historia centenaria, han sido muchos los alumnos, que han prestado y prestan grandes servicios a la sociedad española: Ministros del Gobierno, Presidentes de Diputación, Alcaldes y Concejales, Rectores y Catedráticos de Universidad, Magistrados del Tribunal Supremo y del Constitucional, Abogados, Médicos, Ingenieros, Veterinarios, Militares, Periodistas, Empresarios, Sacerdotes y Religiosos, Funcionarios y Trabajadores anónimos, pero siempre –  y todos con mayúscula – distinguidos por su dignidad personal, su valía profesional y su aportación a la vida social. Así intentó formarles el Colegio y así lo ha conseguido. No es este el lugar ni momento de escribir sus nombres, pero el Colegio los guarda con sumo respeto y cariño. La relación entre antiguos profesores y exalumnos sigue siendo frecuente, confiada y fluida. Quien desee nombres concretos que acuda a la revista “Bodas de Oro. Colegio de Nuestra Madre del Buen Consejo. PP. Agustinos. León, 1901-1951”, publicación que coordinó el P. Basilio Estrada, y al libro “Cien años de historia de los Agustinos en León (1901 – 2001)”, dirigido por el P. Nicanor Canal a cuyo tesón, en gran medida, también se debió el montaje de la Exposición del Centenario: “Cien años de historia de los Agustinos en León”, presentada en el Centro Cultural de Caja España y hoy expuesta permanentemente en la galería superior de la zona del Colegio ocupada por las habitaciones de la comunidad religiosa. Es justo hacer memoria de los 237 religiosos agustinos, hasta el día de hoy – sacerdotes y no sacerdotes –, que dieron una buena parte de su vida por el Colegio, de los que 49 reposan en el panteón que la comunidad posee en el Cementerio Municipal de León.

2001 fue un año muy especial para el Colegio Nuestra Madre del Buen Consejo por la celebración de su Centenario. Como no podía ser menos, las instituciones, la prensa local  –  Diario de León y El Mundo-La Crónica de León –, exalumnos y alumnos no ignoraron el acontecimiento.  Así recogió la noticia del centenario de la llegada de los agustinos a León, un periódico de la ciudad: “Y ustedes, Agustinos, llegaron a León cuando se estrenaba el siglo, en mil novecientos uno, instalándose a la sombra de las torres de la Catedral. El mismo año se inauguraba la estatua de Guzmán El Bueno. De ahí buscaron espacios más abiertos y construyeron el nuevo edificio en lo que entonces era ensanche ciudadano y pronto se transformó en arteria aorta: la manzana de las actuales calles San Agustín, Alférez Provisional y Gran Vía de  San Marcos, con fachada a la Inmaculada. En el viejo caserón de ladrillo brillaron profesores que dejaron huella: desde el músico P. Pastrana al poeta P. Gilberto Blanco, el rector P. Petronilo o el lego de bondad Fray Ovidio. Y de ahí, en 1.976, han vuelto a otro ensanche: a la carretera Alfageme. No tardando será  Avenida de los Agustinos".

Fue un año de conferencias, conciertos, exposiciones, encuentros y, sobre todo, de agradecimientos: de la sociedad al Colegio y del Colegio a la sociedad. El Colegio recibió, con motivo de su Centenario, la Bendición Apostólica de S.S. Juan Pablo II, la Placa de Honor de Alfonso X  El Sabio, concedida por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, la Medalla de Oro de la Provincia, otorgada por la Diputación Provincial de León, la Medalla de Oro de la Ciudad de León, concedida por el Pleno de la Corporación Municipal y la Insignia de Oro, asignada por el Pleno de la Corporación del Excelentísimo Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo.

Aprovechando también la celebración del Centenario, fue otorgada, individualmente, por el Ministerio de Educación, la Encomienda de Alfonso X  el Sabio a siete exprofesores y profesores del Colegio, seis agustinos – los  PP. Rogelio Díez, Basilio Estrada, Herminio Negral, Modesto Santamarta, Miguel Velasco y Maximino Fernández – y  un seglar, D. Vicente Gutiérrez. Según se nos notificó, nunca se habían entregado tantos distintivos a docentes de un mismo centro de enseñanza.

Las conferencias impartidas fueron realmente interesantes y muy apropiadas a los momentos que está viviendo la educación en España. Los conferenciantes, personas muy cualificadas en sus respectivas profesiones y actividades: D. Miguel Ángel Gozalo, Presidente de la Agencia EFE,: “Los medios de comunicación y la educación”; Monseñor Nicolás Castellanos, Obispo emérito de Palencia y actualmente misionero en Bolivia: “San Agustín: solidaridad y globalización”;  D. Rodolfo Martín Villa, Ex ministro y Presidente de ENDESA: “Los últimos 25 años de la Historia de España”; D. Miguel Cordero del Campillo, D. Julio Rodríguez Villanueva, D. Julio Fermoso García y D. Ángel Penas Merino, Ex rector el primero de la Universidad de León, los dos siguientes de Salamanca y el último actual Rector de la Universidad leonesa: “Mesa redonda sobre la educación”, moderada por el Director del Diario de León, D. Fernando Aller. Es digno de mención  que todos los conferenciantes y participantes de la mesa redonda, pasaron por las aulas del Colegio como alumnos.

La música estuvo presente con la actuación de la Escolanía del Real Monasterio de El Escorial, dirigida por D. Lorenzo Ramos, en la Catedral leonesa en la fría noche del 14 de diciembre y el recital de la mezzosoprano María Pilar Vázquez Burguete, en la iglesia de San Marcos.

Por lo que se refiere a estos últimos años, el Colegio sigue modernizándose. Además de la actualización en las últimas técnicas de  enseñanza, su profesorado sigue trabajando con la ilusión de siempre, sabiendo que el pertenecer a una institución tan cargada de historia y logros pedagógicos, es una exigencia de competencia profesional y de superación permanente.

Nuestro Colegio siempre tuvo una gran estima por la música, con directores musicales tan excelentes y carismáticos como los maestros PP. Eduardo González Pastrana, Ambrosio Worek y D. Domingo Martínez Vieito. El primero componiendo y dirigiendo. El “P. Polaco” como uno de los miembros fundadores  y miembro de la Orquesta Leonesa de Cámara. Era luthier  y  obsequió al Papa Pío XII con un violín.  D. Domingo Martínez Vieito, gallego y militar,  dirigió el Orfeón del Colegio y su Rondalla, con muchas tardes de gloria para sus componentes como de satisfacción para los oyentes de León y de otros lugares donde actuaron.

Estas actuaciones musicales serían después continuadas hasta nuestros días, en la nueva sede del Colegio, por los PP. Isacio de la Varga e Isaías Revilla así como por la Profesora Ana Álvarez Fadón. Todavía hoy, un exministro del Gobierno Español, antiguo componente de la Rondalla y Orfeón, cuando se reúne con motivo de alguna comida con religiosos o exalumnos agustinianos,  entona las canciones que le recuerdan sus años jóvenes  y enamoradizos.

Otro tanto ocurría con el teatro. En  el cine de los agustinos se representaron obras de autores tan dispares como D. Pedro Muñoz Seca, Carlos Arniches, Alberto Riesco, Joaquín Calvo Sotelo, Vadonovic, García Lorca, etc. Siempre se buscaron obras que transmitieran valores éticos y morales a la formación integral de los alumnos. Aunque todos los directores merecen una mención especial, sobresalen algunos nombres: Eduardo González Pastrana, Amando Gómez, Alfonso Flecha y, en las últimas fechas, María Jesús García con “Tres sombreros de copa”, de Miguel Mihura, en los actos del Centenario. De entre los muchos y “afamados” actores de todos los tiempos nos quedamos con el insuperable, ya fallecido, Antonio Álvarez Gutiérrez, alias “Tonchi”.  Pero la actividad cultural y de ocio desarrollada en el Colegio de los Agustinos, más frecuentada, apreciada y recordada, fue el cine. ¡El Cine de los Agustinos! Comenzó con el P. Ángel Monjas, en 1914, en su etapa de cine mudo y llegó a su máximo esplendor, por lo que a anécdotas se refiere, con el P. Fulgencio Morrondo y su separación de chicos y chicas, en los años cuarenta–cincuenta. Oportunamente el operador colocaba la mano delante del objetivo para ocultar las escenas consideradas poco recomendables de la película. Pero no siempre estaba atento a la proyección y entonces el público infantil y juvenil  reclamaba, con un griterío sonoro – pitorreo -, el cartón del censor.

También los deportes tuvieron notable cabida  en nuestro Colegio. Primero el fútbol, que aportó numerosos e importantes jugadores a varios equipos de Primera División; el atletismo, cuya referencia en competiciones nacionales e internacionales fue el roblano José Luis Martínez; el baloncesto, al que tantas horas dedicaron el P. Murugarren y Fr. David García; el balonmano con los PP. Juan Rodríguez y Nicanor Canal como entrenadores; el voleibol, con el Sr. Valladares y después su hijo, que llegó a tener un equipo en Primera División, ser  Campeón de España en diversas categorías tanto masculinas como femeninas, hasta llegar a competir el Campeonato del Mundo (París 1994), en la categoría femenina de cadetes. La participación en tantos deportes, con tantos equipos y obteniendo tantos éxitos explica que las vitrinas estén repletas de trofeos que decoran nuestras salas.

“Intimidades”, 1929 –1934, y “Toma y Lee”, desde 1953 hasta la actualidad, fueron las revistas que nuestros profesores y alumnos publicaron para expresar sus ideas y sentimientos. A ellas hay que añadir “Villanueva”, modesta revista de nuestro Colegio–Seminario durante los años 1968 –1976.

Un recuerdo muy especial merece, durante estos años que venimos comentando de la historia de nuestro Colegio y hasta el día de hoy, la Asociación de Antiguos Alumnos Agustinianos (AAAA) del Colegio Nuestra Madre del Buen Consejo de León, fundada en 1922.  Surgió la idea bajo la suave y sabia mano del P. Ángel Monjas, Director del Colegio –  más tarde, Provincial de Castilla –, y con la   comunicación mantenida entre el P. Gilberto Blanco y un grupo de los primeros exalumnos que seguían frecuentando el Colegio para verse con sus  compañeros y profesores de otro tiempo. Así nació la Asociación que ha servido  de aglutinante, apoyo y estímulo de tantas generaciones de exalumnos. Entre los fundadores, tal y como se recoge en el archivo que guarda la Asociación y la reseña de la misma que dejó escrita Félix Pacho Reyero en “Cien años de la historia de los Agustinos en León”, deben ser citados: Faustino Alvargonzález, Emilio G. Posada, Anesio García, Vicente Serrano Puente, Manuel Prendes, Manuel Uriarte, los hermanos Fernández Herrero–Figaredo, Arsenio Rabanal y, por supuesto, el P. Gilberto Blanco.

La Asociación de Antiguos Alumnos Agustinianos ha tenido como Presidentes, a lo largo de su ya dilatada historia,  una serie de exalumnos de gran prestigio como personas y como profesionales. Baste citar  los nombres de los Roa, Barthe, Ovejero, Rodríguez Martínez, Riesco y el actual –  y afortunadamente casi incombustible desde 1995 –, D. Vicente L. Gutiérrez Fernández. Siendo él Presidente, la Asociación celebró sus Bodas de Diamante en 1997 y, como toda institución humana, ahí sigue luchando, con tiempos mejores y otros más bajos, contando con la colaboración incondicional de distintos agustinos que acompañaron y acompañan a la asociación como Consiliarios: PP. Gilberto Blanco, Gregorio Santos, Pedro y José María  Moratiel y el actual P. Maximino Fernández.

Aunque con menos años de historia que la anterior, pero no por ello menos importante, también la Asociación de Padres y Madres  de Alumnos (A.M. P.A.) merece toda nuestra consideración. Fue el 6 de noviembre de 1965 cuando un grupo de padres, de común acuerdo  con la Dirección de Colegio, comenzó a interesarse por la colaboración en la formación de sus hijos. Paralelamente, algo semejante ocurría en el Colegio-Seminario de Armunia. Fue aquí donde, el 15 de diciembre de 1974, una Asamblea General Extraordinaria votó la primera Junta Gestora, aprobó la redacción de los Estatutos de la Asociación y su presentación en el Gobierno Civil.

Unidas las dos sedes académicas y fusionadas las dos APAS en una sola, desde sus orígenes tuvo siempre muy claro que su labor debería ser colaborar en todo lo posible, y siempre en sintonía con el Colegio. Bien es cierto que hubo tiempos en que algunos miembros de la Junta Directiva intentaron politizar la Asociación, con sus dependencias de organizaciones partidistas y sindicales, pretendiendo interferir en decisiones del Consejo Escolar y de la misma Dirección. La reacción del resto de padres siempre fue de rechazo y  de volver al fin propuesto por sus Estatutos.

Fue la Asociación de Padres la que inició la celebración del Día de la Familia. Primero en las propias instalaciones del Colegio, pero muy pronto en el Pinar de Adrados (Boñar). Llegamos a reunirnos más de mil personas las cuales – en su mayoría –, empleábamos el tren de FEVE como medio de transporte. Padres, alumnos, profesores y religiosos compartíamos nuestra comida y juegos en un ambiente de verdadera familia. Hoy, todavía, la Junta Directiva de la Asociación sigue luchando por mantener este espíritu.

Ahí quedan las muchas conferencias y mesas redondas sobre política, educación, economía, drogas; visitas a museos, monumentos, empresas y  fábricas; apoyo al Club de Esquí, de Montañismo y la defensa, conjunta con el resto de Colegios de Agustinos y Agustinas de España integrados en la FAGAPA, del derecho de los padres a elegir el modelo educativo que quieren para sus hijos frente a los intentos de monopolio y dirigismo por parte de algún partido en el poder.

Primero  la Asociación (AMPA), después La Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Colegios Agustinianos (FAGAPA), más tarde los Congresos de la Amistad y siempre su participación en el Aula Agustiniana de educación, fueron – y siguen siendo –, los caminos por donde la Asociación de Padres y Madres de Alumnos ha hecho llegar  su voz al Colegio Nuestra Madre del Buen Consejo, elegido para sus hijos.

En el “Cuadro de honor” de esta Asociación   hay personas sobresalientes por su entrega y dedicación: D. Ricardo Aller y D. Eduardo Álvarez en la fundación y consolidación, D. Martín Manceñido por la implantación de los Consejos Escolares y D. Cándido Soto por su esfuerzo en mantener la Asociación libre de injerencias políticas, fueron las personas que han dejado una impronta más fuerte en el Colegio.

 

León, 1 de diciembre de 2006 (revisión 2 de febrero de 2007)

 

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